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Malqueridas, la imagen como rebelde preservación de la vida

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Por Maximiliano Sepúlveda R.

El año 2023 nos dejó una de las experiencias audiovisuales más potentes de los últimos años, el documental Malqueridas, dirigido por Tana Gilbert.

El montaje, fruto de una construcción colectiva en imágenes y guión, muestra imágenes de mujeres viviendo la maternidad en condiciones de encierro, documentando los dos primeros años de convivencia con sus hijos, hasta que los menores deben abandonar el penal de acuerdo a la normativa vigente en Chile, el relato colectivo de estas mujeres en su experiencia de maternidad intra-carcelaria, se vuelve relato en la voz de Karina Sánchez.

Hablamos con la autora de este laureado trabajo, Tana Gilbert, quien nos contó la dinámica del proyecto.

En términos de imagen, la película trabaja con un autorretrato íntimo, ¿cómo trabajaste esa idea?

Las imágenes de la película son colectivas, y la narrativa también. El registro de imágenes dentro de la cárcel es un acto de rebeldía y de memoria ante la imposibilidad de registrar nuestro mundo. En la cárcel, por ese momento, había un reglamento de Gendarmería, -que hoy es una ley cuyo quebrantamiento incluso puede acarrear alargamiento de condenas-, que prohibía utilizar dispositivos para registrar la cárcel. Entonces, cuando eres interno/a, lo que está prohibido es registrar tu mundo, y hay un poder político en eso, en impedir registrar lo que te rodea. Si una persona está 10 años privada de libertad y no puede registrarse, registrar el mundo que le rodea y el crecimiento de sus hijos, en caso de tenerlos, es una pérdida humana y de memoria que es incalculable.

Lo que queríamos era construir algo colectivo y empatizar con ese ejercicio de memoria. La narración de la película, a cargo de Karina Sánchez, que estuvo siete años privada de libertad, es una construcción colectiva de más de 20 mujeres que fueron mamás en la cárcel, de distintas formas, fueron muchas conversaciones de las cuales construimos un personaje, que es el que interpreta Karina, y que está relatando su experiencia y la de compañeras que conoció.

Hay un componente disruptivo en la maternidad, hablamos de un proceso totalmente incompatible con el encierro.

Por las prohibiciones antes citadas, no es posible registrar los dos primeros años de la vida de los niños que viven en la maternidad de la cárcel, y era muy importante preservar el material de las mujeres juntos sus hijos durante esos primeros dos años. Luego de eso, de esa separación tan violenta, existe todo un componente de relaciones humanas que se va desarrollando luego y que también debíamos trabajar.

La película trabaja sobre una suerte de doble discriminación, de género y clase.

En nuestro trabajo con las mujeres con las que construimos el relato, nos encontramos con una triple condena: La penitenciaria, la de la discriminación en los tribunales de familia, y la condena personal por no estar cerca de los hijos. En Chile se encarcela la pobreza, y si consideramos que el 92% de las mujeres privada de libertad son madres, podemos rastrear claramente el origen de esa condición. Además, desde que se aprobó la ley 20.000, en 2005, vinculada al microtráfico, se triplicó la población penal femenina en Chile, y si consideramos que el 70% de las mujeres está privada de libertad por tráfico, el círculo está completo.

Las mujeres con las que trabajamos nos dicen: Los feminismos nos han olvidado. Se habla de las y los presos políticos, especialmente después del Estallido, pero nosotras somos presas políticas porque el Estado nos abandonó y violentó desde que nacimos.

Revisa la ficha técnica del documental Aquí.

Publicado en la edición N°25


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